Cama vacía

Aislarse del mundo.
Vacío.
¿Qué existe?
¿Qué es verdad?
¿Cuándo? ¿Dónde? Quizás si…

La noche es oscura,
sustantivo.
Es Noche,
verbo.

¿Alguien por ahí?
No contesta nadie
Pero escucho una voz.

El teléfono suena
¿Cómo sé que sos quien decís ser?
En la carta, en cambio,
Sentía tu perfume.

«El tiempo aleja lo que nunca seremos,
ahora somos lo que no queríamos ser»
Los sobres de azúcar casi nunca tienen razón.

El alma flota.
O mejor,
¿El alma flota?
No hay nadie que responda,
Pero hay una voz.

Antes era azul,
Ahora negro
¿Algo cambió?
O mejor, sí,
Algo cambió.

No llegás nunca
Siempre te vas.
Puto tren.
Puto horario.
(¿Qué es el tiempo?)
Ya es hora.
Apurate, es tarde
(¿Tarde para?)
Ahora sí,
Ya está
Chau.
O mejor,
¿Chau?
Mi cama prefiere la incertidumbre.

Adiós, no te vayas nunca.
Nunca más.

La incertidumbre de la lámpara

Decían que para hablar tanto de las cosas importantes como de las boludeces más grande del mundo no era necesario mucha luz, porque eso le quitaba mística al momento. Ernesto, encargado de la iluminación del bulín donde se juntaban seis amigos a jugar al truco los jueves, compró una lamparita de 25W, suficiente para las cargadas al Colo que siempre perdía sea cual sea el equipo.

Ya no quedaba rastro de picada, sólo algunas que otras aceitunas desparramadas en la mesa, y en el mismo instante que la última gota de cerveza desapareció del último vaso cuatro de los integrantes de la reunión se levantaron y se fueron, apurados por las pocas horas de sueño que les quedaban por delante antes de entrar a sus respectivos laburos.
La limpieza era rotativa, y esa semana eran Ernesto y Fabián los asignados. El segundo, sabiendo con una semana de anticipación que se tenía que quedar trapeando el piso, se había escondida una petaquita de un J&B, al que no le sobraba finura pero que tampoco podía levantar quejas en hombres acostumbrados a emborracharse con bebidas económicas.

El flaco Ernesto sacó un paquete arrugado de Marlboro y después de luchar en vano por darle forma a un cigarrillo se lo dio a Fabián que volvía de guardar los instrumentos de limpieza. La lamparita marca Barato empezaba a parpadear, poco, pero percibible a la vista de alguien acostumbrado a pasar horas mirando la nada como el flaco, que ya tenía algunas canas en la barba que le formaban un manchón blanco entre el intenso negro a la altura del cachete derecho. Se la comenzó a rascar y tiró
– Puta che, otra vez la lamparita de mierda ésta…
– En dos meses la vas cambiando unas tres veces.
– Ah, pensé que las había cambiado más veces. No es mal número para una marca como Barato.
Rieron un poco, no tanto por el chiste si no por la leve borrachera que tenían y la enorme soledad en el monoambiente.

Ernesto tenía la costumbre de perderse en cosas insignificantes, cosas que casi nadie mira. En ese momento su atención estaba centrada en cómo la pequeña brasa iba consumiendo el costoso cigarrillo sin que él lo fume. Y pensar que así es con la vida, algo como el tiempo se la fuma sin que nosotros nos demos cuenta, pensó para sí mientras le daba una larga y profunda pitada mientras la ceniza crecía hasta que por fin cayó al suelo recién trapeado por su amigo.
– La vida es tristeza, al fin y al cabo todo es triste- dijo sin sacar la vista del cigarro.
– ¿Otra vez? No te cansás flaco, ¿no?- se notaba cierta hartéz en el tono de voz de Fabián- Nosotros somos tus amigos, no te queremos ver mal. Si Laura se fue con un pibe te entiendo que estés así algunos meses, pero ya pasaron tres años, ¡tres!
– Según vos el tiempo es lo que marca un calendario o un reloj, ¿no?
– Para todo el mundo eso es el tiempo esa cosa que hay con una foto de una mina en pelotas, eso es lo que marca el tiempo, los días, el…
– Igual- Interrumpió Ernesto el monólogo de Fabián- no sé por qué te preocupa tanto, yo no la paso mal así. Creo que es el combustible de todo poeta de medio pelo para arriba.
– Pero vos sos un poeta de balcón, che. Vos sos el flaco que mete poesía de birra en birra, sos de filosofar hasta de una galletita pisoteada en el piso, dejate de joder con esa mierda de la tristeza y la bohemia que la gente que te rodeamos te queremos ver bien.
– Igual yo…
– Igual las pelotas -Fabián se encontraba en un estado de éxtasis-. Decime un motivo como la gente para estar así, uno, y te doy la razón.
Ernesto dejó de mirar el cigarrillo levanto la vista a la parpadeante luz y con voz resignada, cansada de tanto caminar escupió
– Quizás… Quizás la tristeza sea el único motivo que me salva del suicidio cada mañana.
Se miraron fijo a los ojos, no fueron más de cinco segundos antes de que Fabián mirara la ceniza que se había caído hace unos minutos y con gestos nerviosos las juntó. El silencio solo era interrumpido por el murmullo que generaba la lamparita en sus últimos instantes de vida.
– Tenés razón. Por la lamparita, digo…- Fabián miró el reloj como apurando el momento.
– Al final, al final todo se apaga, como va a pasar con esa lamparita en un rato.

Aplastaron las colillas en uno de los vasos, Fabián sabía que no era lo único que se apagaba esa noche.
Al cerrar la puerta y aún en silencio se saludaron sin contacto y se fueron en direcciones contrarias.
Al otro jueves los dos avisaron que no podían ir a la juntada. Esa fue la primera de una serie innumerables de excusas, hasta que pasado el tiempo, directamente dejaron de llamar. No volvieron a pisar el bulín. A ocho meses de aquel episodio, poco se sabe de ellos.

Etcétera y contando

Por las noches deambulabas, desnuda
recorrías las sombras de la casa
hasta que, por fin, te detenías en un rincón
mirándome,
esperando que me levante
agarre pluma y papel
y te poseyera, te haga mía
letra a letra
línea a línea.

Algunas veces tus deseos eran incontrolables
y no esperabas a que advierta tu presencia
y te acercabas de golpe
y yo era tuyo, y todo era claro y tu cuerpo mío.

La oscuridad siempre fue tu mejor vestido,
aunque en oportunidades eran tantas las Perras Negras
que tenía que cerrar los ojos para terminar de verte,
allá, donde vivís, en mí, bien adentro.

En el día, inalcanzable, salvo ocasiones
donde la ropa impedía sentirte como eras;
triste, solitaria, apasionada, desgarradora.

Incontables las noches que pasamos juntos, Poesía,
pero si tengo que estimar
puedo decir que son más que etcétera,
y seguimos contando.

Poema de lunes

En mis ojos se refleja tu rostro
en mi memoria habitás
y mi corazón te extraña tanto
que ya aprendió a deletrear tu nombre.

Todo lejos, todo cerca

A Dahiana

Hay días que se siente
que todo lo de acá es cerca
y todo lo de allá lejos.
En esos días
la noche es más oscura
que el fondo de un armario,
y el manto negro
que esconde a los cielos
se abre poco a poco
y la luna es inmensa
y susurra con fuerzas.
Todo es lejos
y la cama vacía.
Lo dulce es opaco
y la amargura la única salida.
Sobre la mesa
una birome sin fuerzas para escribir,
una foto que ya no dice nada.
Se quedó sin palabras.
Quizás, nunca las tuvo.
Es Lejos y es Noche.
Son verbos.
La soledad, estilo de vida.
El manto se cierra,
la luna desaparece.
En ese instante
se abre la puerta.
La cama ahora está habitada
y todo está tan cerca.

Etiquetado , , , ,

Ciudad en llamas

Una bandera
que no es la del país propio
se levanta en los cielos

Un niño
en los brazos de un hombre
que no es su padre
la mira sin entender por qué

Un padre
que ya no es padre
llora sin consuelo

Hay polvo y escombros
desparramados en el piso

Hay sangre en ellos

Hombres vestidos en distintas tonalidades de verde
marchan
pero sin música

Personas en sus oficinas
festejan el triunfo

Se sienten ganadores

Hay cientos de familias que no festejan

Cientos de personas que ya no tienen dónde vivir

Hay miles de personas que
aún
no entienden qué hicieron mal

Etiquetado , , ,

Vida en gris

La noche se acaba
ya suena el despertador crepuscular.

Más lenta que cansada
se coloca el corazón
o lo que queda de él.

Hace rato que aprendió a no usarlo.

Se viste,
agarra lo que le corresponde
y emprende el viaje de regreso.

Sus dos hijas hoy tienen colegio.

Ellas sin saber los cómo
ni los por qué
agradecen a su mamá
que la plata no falte para el desayuno
ni para los nuevos lápices de colores.

Etiquetado , ,